miércoles, febrero 10, 2010

Por fin en casa


Por fin en casa. Después de una inacabable y agotadora jornada giro la llave que me lleva al olvido temporal, me devuelve a mi paraíso íntimo donde rara vez hay algo que perturbe mi tranquilidad. Como de costumbre pongo en marcha el plan de preparación para el día siguiente, cena, ducha y a la piltra, cuando al entrar en la habitación descubro una pequeña y brillante luz parpadeando al fondo, en una oscura esquina que casi tenía olvidada. Con cautela por lo extraño me acerco a ella, no sin un poco de curiosidad, de repente caigo en la cuenta, es esa especie de máquina a la que llaman ordenador y que ya tenía olvidada, cogiendo polvo y alguna que otra telaraña. Que extraño motivo podría haberme alejado de tal cantidad de entretenimiento y comunicación con el mundo exterior.

Hace algún tiempo pude darme cuenta de que la importante falta del mismo. No lograba salirme de una rutina que poco a poco instauré en mi vida y de la que comprendí me absorbía por dentro hasta el último segundo. Dejé de tener ratos de desasosiego con los que deleitar mis alocadas ideas, y lo que es más importante, de pasar tanto tiempo con mi otra mitad a la que no me gusta nada echar de menos y no poder dedicarle todo lo que soy. De poder sentir un aluvión de sensaciones cada vez que me dedica una sonrisa, llenarme de aire y de vitalidad al recibir un beso inesperado por el mero hecho de ser tú y conseguir que me sienta la persona más importante del mundo sin importar nada de lo que me rodea. Es como una explosión mezcla de una eufórica alegría con un brote de amnesia que te permite disfrutar como un enano de ese inigualable y a la vez apabullante acto de cariño.

Lo tuve y desde entonces lo tengo claro, no pienso dejar que la rutina me domine, no quiero dejar de bailar con las mariposas que revolotean por mi estomago cada vez que la veo, como si fuera la primera vez, al atravesar el marco de la puerta que conduce a mi felicidad absoluta. Allí donde tengo todo lo que necesito e infinitamente más para estar completo.

Por supuesto, no es de extrañar que al sentarme delante de la tintineante pantalla y estar dispuesto a desenvolver la ardua tarea de dedicarle un mínimo rato me sorprendan unos dedos paralizados, rígidos, como si tuvieran una fina capa de hielo rodeándolos. Intento calentarlos un poco, quitarles el miedo a una tarea tantas veces realizada, y me pongo a escribir, como un tartamudo de las letras, tengo más o menos claro lo que quiero imprimir e estas líneas pero no consigo que mis poco entrenados apéndices me sigan. Pero merece la pena.

7 comentarios:

  1. Que tierno te nos estas volviendo y acércate mas al ordenador que no viene nada mal.

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  2. Qué bien se expresa el jodío benjamín. Y yo que pensaba que se le había gastado la batería del teclado...

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  3. Quién dijo batería?? a callar que las gruas duermen.

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  4. Bien, Helión!!! Ahí te he visto suelto. Haciéndole la rosca a tu contraria no tienes precio jejejej.

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  5. ! Pero Helión ! ¿ Tú eres consciente de que este tipo de literatura ( muy loable y envidiable por otra parte ) genera conflictos entre parejas " no recién casada " ?. En otras palabras, nos dejas con el culo al aire al tener que escuchar, tristes y apesadumbrados, frases del calibre : " Cariño, que poco romántico eres escribiendo, deberías aprender de Helión ".
    Y para colmo, el día 14, San Valentin... ( mañana, sin falta, voy a la floristería a encargar un ramo de rosas para el domingo antes de que la sangre llegue al río... Manzanares ).

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  6. de donde sale tanto talento??? debe ser cosa de vivir en madrid. ya me gustaria a mi k las mariposas volvieran ami estomago. besitossssssss

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